viernes, 15 de febrero de 2013

La Alcazaba de Zújar

El promontoriio de la Alcazaba de Zújar
La alcazaba de Zújar es, tal vez, uno de los iconos de Zújar más importantes dentro del acervo cultural de sus pobladores. Junto al Cerro Jabalcón, el promontorio de la Alcazaba es un lugar geográfico de primer orden insertado en el espacio urbano desde tiempos inmemoriales.

Su singularidad radica en que este promontorio en forma de barco, está rodeado por dos ramblas: La rambla de Abatel y la rambla del Carrizarl que convergen en su lado norte, formando la rambla de Zújar, cuyo cauce desemboca en la actualidad en las aguas del embalse del Negratin. Su situación inexpugnable ha determinado, en su entorno, un poblamiento ininterrumpido desde tiempos remotos. Es muy probable que ya hubiese un asentamiento neolítico en sus cercanías, según los testimonios de personas que hallaron en el barrio de la Jarea lo que describieron como “cántaros con tizones”, lo que podrían ser vasijas destinadas a algún tipo de entarramiento.

Aunque en tiempos íbero-romanos, una pequeña población se levantaba bajo sus paredes, con el nombre de Hactara, es en la época musulmana cuando el promontorio alcanzó una importancia crucial, ya que se construyó en época califal una alcazaba, una fortaleza que acabaría dando el nombre a su promontorio. La Alcazaba fue ampliada y remodelada en época almohade y restaurada durante la hegemonía del reino Nazarí, según los fragmentos de cerámica hallados.

Tuvo un papel fundamental en el desarrollo de los acontecimientos bélicos de la Guerra de Granada, sobre todo durante la campaña de 1489, cuando las tropas castellanas conquistaron Baza. Hasta entonces, la Alcazaba de Zújar jugaba un papel fundamental en la estrategia defensiva del norte del Reino de Granada, que disponía de una red de fortalezas (Benzalema, Benamaurel, Freila, etc) y torres vigía (Torre de los Morrones, Torre del Mazaile, Ermita Vieja, Torre de la Luna), como medio de protección por las continuas razzias cristianas, que nunca llegaron a tomar Zújar, debido a la solidez defensiva de su Alcazaba.

En 1489, las tropas comandadas por el Adelantado de Quesada van tomando las fortalezas en su camino hacia Baza, con el fin de no dejar tropas nazaríes que pudieran presionar sobre su retaguardia. Al llegar a Zújar se encuentran con un obstáculo formidable, la Alcazaba, bien provista y con una guarnición de irreductibles defensores. Las tropas cristianas pusieron sitio a la Alcazaba y debieron concentrar a la artillería cristiana. Como era costumbre, tras la reforma del arma de artillería por el rey Fernando, tras poner sitio a una fortaleza, se lanzaban pellas incendiarias y se sometía a un intenso bombardeo de artillería, utilizando morteros (lombarda trabuquera) y varios tipos de lombardas, algunas de gran calibre, que lanzaban bolaños de piedra o pelotas de hierro de hasta 250 kg. Según relata Hernando del Polgar, pronto se dieron cuenta los sitiadores que la Alcazaba de Zújar se encontraba bien defendida y que no podría ser tomada sin la artillería. A pesar del intenso bombardeo la fortaleza zujareña no se rendía y tampoco podía tomarse. Por ello se recurrió al cuerpo de zapadores, que construyeron túneles bajo sus torres para dinamitarlas. Tras varios días de combate la fortaleza se rindió. A los moradores de la Alcazaba se les concedió libertad, optando en su mayoría por desplazarse a Baza. Gracias a la resistencia de la Alcazaba de Zújar, las tropas musulmanas de Baza pudieron organizar su defensa y conseguir que el asedio durara meses.

Durante la rebelión de los moriscos una pequeña guarnición se asentó en los restos de la alcazaba de Zújar, para impedir que la población, que no llegó a sublevarse, pudiera ayudar a los rebeldes.

Debido a la destrucción sometida durante la Guerra de Granada, a su abandono y a la erosión, la alcazaba de Zújar desapareció, quedando en la actualidad restos del lienzo de la muralla y las bases de alguna de las torres almenadas. Es muy probable que aún se conserve parte del aljibe y de los cimientos.

En la actualidad, el promontorio de la Alcazaba, aunque es un mirador privilegiado de la villa, no dispone de accesos adecuados, convirtiéndose en un lugar abandonado que acumula toda clase de vertidos. Su entorno está tremendamente deteriorado, habiéndose producido derrumbes de casas y cuevas, con un barrio desierto y en estado ruinoso.

Y sin embargo, cada año, la Alcazaba de Zújar vuelve a ser protagonista, en la representación de Moros y Cristianos, durante sus fiestas patronales. Entonces los habitantes de Zújar constatan como se alza el promontorio que domina la Plaza Mayor y regresa el perdido esplendor de épocas pasadas, como resistiéndose a perderse en la memoria.

2 comentarios:

  1. Pues así es, como relatas en este artículo.
    Lástima que no se le dé el valor que tiene.
    Gracias por tu relato Antonio.

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  2. Y gracias a ti, por esos fantásticos relatos en "Te esperaré en la Alcazaba" que nos acompañan a la Zújar morisca. Espero que aún día, la alcazaba de Zújar muestre sus tesoros y que pueda resistir el tiempo para que lo disfruten las generaciones futuras.

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